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miércoles, 8 de agosto de 2012

Cántame, para dormir. Capítulo 3.


CAPÍTULO 3

Eran las 6:00. Sabía que iba a volver tarde, pero no me importaba. Solo quería saber quién era, estaba como hipnotizada, solo caminaba hacia ese lugar. Llegué. 6:20. A las 7:00 empezaba el toque de queda, tenía que ser rápido. Había un bar “Dreams”, entré, estaba abierto. No había nadie adentro, estaba todo roto. Solo había alguien tomando en la barra, pero ni siquiera estaba el barman.
-¿Hola?- dije. No sé de dónde sacaba tanta valentía.
-Sabía que ibas a venir.- Se da vuelta una mujer. Una tipa impactante, rubia, con labios ultrarrojos, vestida toda de cuero. –Tengo algo para vos, me la dio tu hermano.-
-¿Quién sos? ¿Cómo conocés a mi hermano?
-Pfff..., eso no importa ahora. Tomá,- extiende la mano- agarrala, no te voy a morder.- caminé hacia ella y la agarré.
-¿De qué es ésta llave?-
-Eso lo tenés que descubrir vos. Afuera tenés a un amigo mío, que te va a llevar a tu casa en su moto, ya que son las19:20.- se metió al baño del bar y desapareció. Salí afuera, y no había nadie. Entonces me senté en el piso a llorar.
-¿Cada vez que la vea va a estar llorando?- mi corazón se detuvo. Él era lo único que necesitaba. Lo ví y lo abracé. El también me abrazó, y me hizo sentir mucho mejor.
-¿La llevo?- dijo, señalando la moto.
-Sí.- dije sin pensar. Y arrancó. Me dejó a unas cuadras de mi casa, porque no quería que mi mamá se enterara que estaba afuera.
-¿Para qué es ésta llave?- recordé que él era el amigo de la rubia, por lo que el debía saber.
-Solo usted puede saberlo. Nos veremos luego.- Se fue caminando al lado contrario de mi casa. Y yo fui para mi casa. En cuanto volteé, él estaba vigilándome. Pensé varias veces que todo esto era un sueño, que ya se acabaría. Entré a casa por la puerta de atrás, que no hacía ruido. Eran las 8:00 ya, tenía que preparar la cena, pero algo me bloqueó. Fui a mi habitación y me puse a llorar. Quería que todo se acabase, pero aún no era el momento. Me dormí preguntándome para qué era esa llave.
Corría por un pasillo, como si alguien me persiguiera, veo una puerta y me detengo. Tenía en una mano, la llave que me había dado la rubia, y en la otra, una foto de Antony. Abro la puerta y despierto. Hacía bastante que no sabía de Antony, desde el funeral de Lola… Así que, ese día desayuné, y tenía en mente que la llave tenía algo que ver con él. Me fui a su casa, y él no estaba, estaba trabajando. Me escabullí, la puerta estaba cerrada, pero yo sabía que Lola guardaba la llave dentro de una maceta. Tomé la llave y abrí la puerta. Comencé a revisar todo, algo tenía que encontrar. Di vuelta toda la casa, y no encontré nada. Estaba enojada, comencé a llorar y me tiré al suelo, y ahí estaba. Debajo de un mueble había un pequeño cofre. Me sequé las lágrimas y lo tomé, iba a abrirlo, pero pensé que era más seguro probar si funcionaba en casa.
Entré a casa, mamá me preguntó por el cofre, le dije que no le interesaba. Otra vez estaba actuando extraña. Yo siempre fui una persona calmada, una persona que trataba bien a todos. Nunca fui muy bonita, ni me creía mucho, yo siempre fui la típica chica de pelo negro, ojos oscuros y con un mal gusto al vestirme. Pero todo eso, lo compensaba con mis buenos modos. Pero ya no era así, desde que comenzaron a pasar todas esas cosas horribles, me volví una persona horrible también. Y lo peor, es que me gustaba.
Subí a mi habitación y busqué la llave que la había dejado en el cajón de la ropa interior. Estaba nerviosa. Tan nerviosa que no podía atinarle al agujero de la llave. Hasta que pudo, y funcionó. Se abrió instantáneamente, estaba lleno de papeles y me puse a leerlos. Eran papeles que informaban cómo había comenzado la guerra, papeles que decían que los azules eran los buenos y los plateados los malos. Entre todos esos papeles, había una carta de Antony a Lola, y decía:

“Lola, amada mía: Lamento todo esto que está pasando. Te juro que realmente no quiero que las cosas sean así, pero prefiero hacerlo yo antes de que te toque otra persona. Yo moriré con vos, no me importa nada. Lola, sos el amor de mi vida y nunca lo dejarás de ser. Por favor, perdóname por lo que estoy a punto de hacer.
Te amo.
                                            Antony.”

Ahora todo tenía sentido. Por eso se me hacía conocida la cara, porque era él. Y yo estuve hablándole todo este tiempo. Yo lo consolé. Yo estuve con él cuando me necesito. No podía dejar de sentirme engañada, él era uno de mis mejores amigos y me hizo esto. Y le hizo esto a Lola, quien tanto lo amaba. Todo con tal de salvarse el culo. Al final era otro estupido como los demás. Pero esto ni iba a quedar así. Yo iba a hacer algo.
Cada vez comenzaba a creer que esta sociedad estaba enferma, estaba infectada. Eso nos mantenía cautivos de nosotros mismos. Algo en mi comenzó a latir y comencé a armar un explosivo. Era muy fácil conseguir esta clase de cosas por la situación en la que estábamos, pero nadie sabía lo que yo tenía en mente. Mientras armaba todo, sonó el teléfono.
-¿Te parece bien lo que vas a hacer?- Se escuchó la voz de la rubia.
-No pienso contestarte. Para empezar, no sé ni quién sos, ni como sabés lo que estoy haciendo.- Le dije enojadísima, gritando en silencio.
-Mph… Me llamo Marlene, es toda la información que puedo darte. Pensá bien las cosas que hacés.- cortó. ¿Qué mierda pasaba con todo? Agarré todos los elementos del explosivo que estaba haciendo y lo guardé debajo del colchón. Me tiré en mi cama, puse The Spring, y me dormí.
Sus brazos rodeaban mi cintura, sus ojos me miraban fijamente, sus labios se acercaban cada vez más a los míos. Estábamos tan cerca que no podía ver quién era, pero suponía que era Félix. Él me besó y yo le correspondí, le dije que lo amaba. Y el solo me dijo “Cuídese, por favor. Piense muy bien lo que está haciendo, yo no soy real, y solo estaré mientras usted quiera.” Lo abracé y se esfumó. Una oscuridad inundó el lugar, y solo apareció una sonrisa. Unos labios rojos sonriendo, una risa malévola se escuchó de fondo y unos colmillos comenzaron a crecer. “¡Dejame en paz!”, grité. Pero no. Esa sonrisa se transformó en una persona, una rubia impactante. Marlene. Ella estaba vestida de fiesta, y yo también. Me tomó de los brazos, y al sonido de The Spring me hizo bailar.
Desperté y aún seguía sonando The Spring. Miré la hora y solo habían pasado minutos. Una enorme angustia me atacó y me dejé llevar. ¿Por qué estaba pasando todo esto? ¿Por qué todo esto me estaba pasando a mí? Y ésta vez, él no estaba aquí. Estaba perdidamente enamorada de un extraño. Anhelaba el misterio de no saber cuando él iba a aparecer. Soñaba con ese día en que no se fuera. Ese día en el que él no fuera más que una rosa. Esa noche fue la vez que más lloré. No sé si dormí, o continué así toda la noche. Solo sabía que no quería dormir. Y si dormía, no quería despertar.

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