CAPÍTULO 3
Eran las 6:00. Sabía que iba a volver tarde, pero no me
importaba. Solo quería saber quién era, estaba como hipnotizada, solo caminaba
hacia ese lugar. Llegué. 6:20. A las 7:00 empezaba el toque de queda, tenía que
ser rápido. Había un bar “Dreams”, entré, estaba abierto. No había nadie
adentro, estaba todo roto. Solo había alguien tomando en la barra, pero ni
siquiera estaba el barman.
-¿Hola?- dije. No sé de dónde sacaba tanta valentía.
-Sabía que ibas a venir.- Se da vuelta una mujer. Una tipa
impactante, rubia, con labios ultrarrojos, vestida toda de cuero. –Tengo algo
para vos, me la dio tu hermano.-
-¿Quién sos? ¿Cómo conocés a mi hermano?
-Pfff..., eso no importa ahora. Tomá,- extiende la mano-
agarrala, no te voy a morder.- caminé hacia ella y la agarré.
-¿De qué es ésta llave?-
-Eso lo tenés que descubrir vos. Afuera tenés a un amigo
mío, que te va a llevar a tu casa en su moto, ya que son las19:20.- se metió al
baño del bar y desapareció. Salí afuera, y no había nadie. Entonces me senté en
el piso a llorar.
-¿Cada vez que la vea va a estar llorando?- mi corazón se
detuvo. Él era lo único que necesitaba. Lo ví y lo abracé. El también me
abrazó, y me hizo sentir mucho mejor.
-¿La llevo?- dijo, señalando la moto.
-Sí.- dije sin pensar. Y arrancó. Me dejó a unas cuadras de
mi casa, porque no quería que mi mamá se enterara que estaba afuera.
-¿Para qué es ésta llave?- recordé que él era el amigo de la
rubia, por lo que el debía saber.
-Solo usted puede saberlo. Nos veremos luego.- Se fue
caminando al lado contrario de mi casa. Y yo fui para mi casa. En cuanto
volteé, él estaba vigilándome. Pensé varias veces que todo esto era un sueño,
que ya se acabaría. Entré a casa por la puerta de atrás, que no hacía ruido.
Eran las 8:00 ya, tenía que preparar la cena, pero algo me bloqueó. Fui a mi
habitación y me puse a llorar. Quería que todo se acabase, pero aún no era el
momento. Me dormí preguntándome para qué era esa llave.
Corría por un pasillo, como si alguien me persiguiera, veo
una puerta y me detengo. Tenía en una mano, la llave que me había dado la
rubia, y en la otra, una foto de Antony. Abro la puerta y despierto. Hacía
bastante que no sabía de Antony, desde el funeral de Lola… Así que, ese día
desayuné, y tenía en mente que la llave tenía algo que ver con él. Me fui a su
casa, y él no estaba, estaba trabajando. Me escabullí, la puerta estaba
cerrada, pero yo sabía que Lola guardaba la llave dentro de una maceta. Tomé la
llave y abrí la puerta. Comencé a revisar todo, algo tenía que encontrar. Di
vuelta toda la casa, y no encontré nada. Estaba enojada, comencé a llorar y me
tiré al suelo, y ahí estaba. Debajo de un mueble había un pequeño cofre. Me
sequé las lágrimas y lo tomé, iba a abrirlo, pero pensé que era más seguro
probar si funcionaba en casa.
Entré a casa, mamá me preguntó por el cofre, le dije que no
le interesaba. Otra vez estaba actuando extraña. Yo siempre fui una persona
calmada, una persona que trataba bien a todos. Nunca fui muy bonita, ni me
creía mucho, yo siempre fui la típica chica de pelo negro, ojos oscuros y con
un mal gusto al vestirme. Pero todo eso, lo compensaba con mis buenos modos.
Pero ya no era así, desde que comenzaron a pasar todas esas cosas horribles, me
volví una persona horrible también. Y lo peor, es que me gustaba.
Subí a mi habitación y busqué la llave que la había dejado
en el cajón de la ropa interior. Estaba nerviosa. Tan nerviosa que no podía
atinarle al agujero de la llave. Hasta que pudo, y funcionó. Se abrió
instantáneamente, estaba lleno de papeles y me puse a leerlos. Eran papeles que
informaban cómo había comenzado la guerra, papeles que decían que los azules
eran los buenos y los plateados los malos. Entre todos esos papeles, había una
carta de Antony a Lola, y decía:
“Lola, amada mía: Lamento todo esto que está pasando. Te
juro que realmente no quiero que las cosas sean así, pero prefiero hacerlo yo
antes de que te toque otra persona. Yo moriré con vos, no me importa nada.
Lola, sos el amor de mi vida y nunca lo dejarás de ser. Por favor, perdóname
por lo que estoy a punto de hacer.
Te amo.
Antony.”
Ahora todo tenía sentido. Por eso se me hacía conocida la
cara, porque era él. Y yo estuve hablándole todo este tiempo. Yo lo consolé. Yo
estuve con él cuando me necesito. No podía dejar de sentirme engañada, él era
uno de mis mejores amigos y me hizo esto. Y le hizo esto a Lola, quien tanto lo
amaba. Todo con tal de salvarse el culo. Al final era otro estupido como los
demás. Pero esto ni iba a quedar así. Yo iba a hacer algo.
Cada vez comenzaba a creer que esta sociedad estaba enferma,
estaba infectada. Eso nos mantenía cautivos de nosotros mismos. Algo en mi
comenzó a latir y comencé a armar un explosivo. Era muy fácil conseguir esta
clase de cosas por la situación en la que estábamos, pero nadie sabía lo que yo
tenía en mente. Mientras armaba todo, sonó el teléfono.
-¿Te parece bien lo que vas a hacer?- Se escuchó la voz de
la rubia.
-No pienso contestarte. Para empezar, no sé ni quién sos, ni
como sabés lo que estoy haciendo.- Le dije enojadísima, gritando en silencio.
-Mph… Me llamo Marlene, es toda la información que puedo
darte. Pensá bien las cosas que hacés.- cortó. ¿Qué mierda pasaba con todo? Agarré
todos los elementos del explosivo que estaba haciendo y lo guardé debajo del colchón.
Me tiré en mi cama, puse The Spring, y me dormí.
Sus brazos rodeaban mi cintura, sus ojos me miraban
fijamente, sus labios se acercaban cada vez más a los míos. Estábamos tan cerca
que no podía ver quién era, pero suponía que era Félix. Él me besó y yo le
correspondí, le dije que lo amaba. Y el solo me dijo “Cuídese, por favor.
Piense muy bien lo que está haciendo, yo no soy real, y solo estaré mientras
usted quiera.” Lo abracé y se esfumó. Una oscuridad inundó el lugar, y solo
apareció una sonrisa. Unos labios rojos sonriendo, una risa malévola se escuchó
de fondo y unos colmillos comenzaron a crecer. “¡Dejame en paz!”, grité. Pero
no. Esa sonrisa se transformó en una persona, una rubia impactante. Marlene.
Ella estaba vestida de fiesta, y yo también. Me tomó de los brazos, y al sonido
de The Spring me hizo bailar.
Desperté y aún seguía sonando The Spring. Miré la hora y
solo habían pasado minutos. Una enorme angustia me atacó y me dejé llevar. ¿Por
qué estaba pasando todo esto? ¿Por qué todo esto me estaba pasando a mí? Y ésta
vez, él no estaba aquí. Estaba perdidamente enamorada de un extraño. Anhelaba
el misterio de no saber cuando él iba a aparecer. Soñaba con ese día en que no
se fuera. Ese día en el que él no fuera más que una rosa. Esa noche fue la vez
que más lloré. No sé si dormí, o continué así toda la noche. Solo sabía que no
quería dormir. Y si dormía, no quería despertar.