Sonié con Atlantis.
Sonié que me moría. Que me suicidaba. Que decidía dejar mi cuerpo terrenal para vivir en mi cuerpo real.
Sonié que tenía que ir a un lugar en especial, y sumergirme. Tenía que olvidar todo lo que alguna vez fui en este mundo, y transformarme en mi esencia y en lo que soy realmente.
El sentimiento mientras atravesaba esa pared de agua y entraba a mi verdadera casa, era magnífica. Nunca me sentí tan llenx. Tan feliz. Tan tranquilx. Tan en casa.
Lo horrendo es que me desperté.
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